Por Gerardo Fuster de Carulla.
De entre los miles y miles de recuerdos que encierra el Tour de Francia, una danza que no muere, queremos hacer un homenaje a la figura de este ciclista italiano que se permitió el lujo de adjudicarse, en contra de todo pronóstico y por dos veces, la ronda gala en los años 20 del siglo pasado.
Su persona, dejando aparte las particularidades que mostró en todo momento, cautivó a la gran masa de aficionados, especialmente a los italianos, que vieron con extrañeza cómo triunfaba en tierras de Francia y, en cambio, no pasaba de ser una medianía en su suelo patrio. Se cumplía aquel dicho tan popular que nos decía “que nadie es profeta en su tierra”.
Su trágico final en la carretera, se envolvió, como su personalidad, en un halo de misterio.