Os presentamos una Ruta de Gran Recorrido, que los @migos del ciclismo del Club Cicloturista GRAN CANARIA han realizado durante el mes de junio de 1998 y que tras un trabajo hecho en pleno recorrido (rutómetros, fotos y notas de interés), ha sido continuado con la terminación de esta publicación en la que encontraréis, además, mapas de situación, perfiles y toda la información necesaria para que os animéis a coger vuestras bicicletas y a seguir el itinerario aquí propuesto, a través de las bellas tierras de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y la Comunidad Valenciana. El Cid, nuestro personaje, "campeó" prácticamente por toda la Península Ibérica: Zamora, Asturias, Sevilla, Barcelona, Zaragoza, fueron testigos de su presencia. Nosotros hemos elegido esta ruta, que en total tiene 597 kms. de viaje, para unir Burgos, ciudad dónde se encuentran actualmente los restos del Cid Campeador, y Valencia, lugar dónde halló la muerte.
Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099). Cid: del árabe dialectal "Sïd", Señor, Caballero. Campeador: del latín "Campus Doctor", vencedor de batallas.
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Junto a sus más fieles vasallos, se puso al servicio del rey islámico de Zaragoza. Años más tarde recuperó los favores de Alfonso VI y le fueron concedidas varias mercedes, entre las que estaba la concesión al Cid y a sus descendientes, de todas las tierras que pudieran conquistar en el Levante. al-Qadir consiguió su apoyo y pudo seguir gobernando Valencia, pagándole tributo, "parias". Alfonso VI le requirió junto a su ejército para la campaña de Aledo, pero al no llegar a tiempo, nuevamente le desterró del reino. Fue entonces cuando el Cid, aprovechando una insubordinación del rey musulmán de Valencia y después de repeler ataques desde Denia (rey Mudir) y Barcelona (conde Berenguer), cuando se asentó y dominó todo el Levante, tomando plaza en Valencia. Tras años de luchas constantes contra todo tipo de enemigos, murió en Valencia el 10 de Julio de 1099. Tres años más tarde su viuda, que no pudo mantener más su resistencia ante el empuje almorávid, evacuó Valencia auxiliada por el propio Alfonso VI, llevándose con ella el cadáver del Cid hasta el Monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos.
La épica lo imaginó tan valeroso, temible e inquieto que no duda en atribuirle hazañas póstumas, como la fabulosa cabalgada de su cadáver a lomos de Babieca, su caballo, haciendo huir despavoridos a las tropas musulmanas. También el ademán que hizo para desenvainar su espada, cuando un judío trató de tocar las barbas de su momia.
En 1808, tras una rapiña de los franceses durante la invasión, sus restos y los de Doña Jimena, fueron trasladados hasta Burgos, volviendo al Monasterio en 1823, aunque muy brevemente, ya que debido a las medidas desamortizadoras, el Monasterio quedó abandonado y en ruinas. Nuevamente en Burgos, ahora en una sala de la Diputación, hasta que en 1921 fueron depositados en el crucero de la catedral burgalesa. Allí están bajo una losa de mármol y con un epitafio, en latín, que dice: "Aquí yacen Rodrigo Díaz, el Campeador, muerto en Valencia en 1099, y su esposa Jimena, hija del conde Diego de Oviedo, de regia estirpe. A todos alcanza la honra del que en buena hora nació", redactado por el historiador Menéndez Pidal, el más célebre estudioso del Cantar de Mío Cid.
Cantar de Mío de Cid:
Cantar de gesta castellana, conservado en un manuscrito único, copiado en 1307 por un tal Per Abbat. Obra de 3.730 versos, en la que suelen distinguirse tres partes:
El Cantar del destierro llega hasta el verso 1.085, y en el se narra cómo el Cid marcha al destierro. Sale de Vivar y pasa por Burgos, donde su sobrino Martín Antolínez consigue un préstamo de los judíos Raquel y Vidas, contra entrega de dos arcas en las que creen que El Cid guarda sus tesoros, pero que sólo contiene arena. En San Pedro de Cardeña se despide de su esposa y sale de Castilla hacia tierra de moros. Aliado del rey moro de Zaragoza, realiza varias conquistas y consigue vencer a los moros de Lérida, quienes son ayudados por el conde de Barcelona. Manda un presente al rey Alfonso VI.
En el Cantar de las Bodas, que va hasta el verso 2.277, el héroe se dirige hasta Valencia, que conquista. Envía un nuevo regalo al monarca castellano y le solicita que su mujer e hijas puedan reunirse con él. El rey accede a su petición y le concede el perdón, para arrancarle el consentimiento de las bodas de sus hijas con los infantes de Carrión que las han pedido en matrimonio. El cantar acaba con los preparativos.
El Cantar de Corpes presenta a los susodichos infantes en Valencia, en la corte del Cid, donde dan muestras de su cobardía, al ocultarse de un león escapado. Son objeto de burla por parte de las gentes del Cid, y piden permiso para trasladarse con sus esposas hasta Carrión. En el viaje se vengan atando a las hijas del Cid en el robledal de Corpes y las maltratan. El Campeador pide justicia al rey por la afrenta, y este convoca cortes en Toledo. El Cid los desafía y les vence. El poema termina anunciando que los infantes reales de Navarra y Aragón solicitan desposarse con sus hijas, doña Elvira y doña Sol.
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Con el acompañamiento durante toda la ruta, como conductor del furgón de apoyo y de traslado de equipajes, así como de "Ángel de la Guarda", de: José Luis Pérez.


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